miércoles, 3 de febrero de 2016

“MANEJO OPERATIVO DE LOS CONFLICTOS FAMILIARES”

La familia y funcionalidad




     La familia como unidad social, ha sufrido cambios significativos en cuanto a su definición, marcados por diversas orientaciones teóricas; la familia varia de un contexto a otro, se transforman, se reinventan, se adaptan y perduran al paso del tiempo dependiendo de sus procedencias culturales.
     La familia es donde se proporcionan los elementos esenciales que favorezcan el bienestar de la misma; por lo tanto cumple un papel relevante dentro de la misma educando a cada uno de los que a ella pertenecen.

     Aguilar (1997) plantea, la familia está integrada por un conjunto de personas que conviven de manera cotidiana y que ejercen relaciones interpersonales entre cada uno de sus miembros, dichas relaciones se delimitan debido a los roles que cada miembro desempeña.

      Sin embargo cabe señalar que en cada familia surgen  conflictos, los cuales deben ser tratados de manera imparcial, donde ninguno de los miembros sienta que está cediendo más que el otro.
Para la sociología, una familia es un conjunto de personas unida por lazos de parentesco. Los lazos principales son de dos tipos: vínculos de afinidad derivados del establecimiento de un vínculo conocido socialmente que, en algunas sociedades, sólo permiten la unión entre dos personas, mientra que en otras sociedades es posible la poligamia, y vínculos de consanguinidad, como la filiación entre padres e hijos o los lazos que se establecen entre los hermanos que descienden de un mismo padre.
     Autores como Iglesias y Flaquer (Citados por Musitu y Cava, 2001), coinciden en que la familia reviste gran importancia en la crianza y educación de hijas e hijos, ya que se establece una red no visible de apoyo material y sobre todo afectivo de los adultos hacia los menores.
     La familia es el primer contexto socializador (no siendo el único) por medio del cual, sobre todo en la primera infancia, se alimenta el ser humano de elementos propios de la cultura que incluyen valores, creencias, representaciones, modelos productos de la socialización e interacción del ambiente natural.

FUNCIONALIDAD EN LA FAMILIA

        
     En las familias donde el funcionamiento es saludable existe mayor probabilidad de un clima emocional afectivo positivo; el cual  va a indicar la forma en que cada sujeto se siente en relación con los demás, potenciando esto la integración familiar; además de elevar los recursos de la familia para enfrentar los conflictos, crisis y problemas que pueden presentarse en distintas etapas a lo largo del ciclo vital evolutivo familiar. En referencia a esta afirmación, el autor Barroso (2009) señala que:” parte de la cultura familiar es verse como un equipo donde todos son importantes, y donde todos deben ser tomados en cuenta, orientándose hacia objetivos que benefician a todos”. 
     Considerando lo antes señalado, se puede acotar que es en la familia; donde se proporcionan los elementos esenciales que favorezcan el bienestar de la misma; por lo tanto cumple un papel relevante dentro de la misma educando a cada uno de los que a ella pertenecen. Sin embargo; es necesario destacar que debe haber equilibrio entre los elementos afectivos y de autoridad para que sea una familia operativa así; lo destaca Moles (2007):
    En una familia operativa el equilibrio entre el afecto y la autoridad está perfectamente establecido y delimitado, hay ciertas reglas de juegos demarcadas y discutidas hasta donde sea posible encontrar compromisos  y contratos viables, pero de ninguna manera hay de parte de las personas encargadas del proceso educativo, los padres, una pérdida de su jerarquía, de su derecho  a definir las líneas comportamentales de convivencia y los roles que cada uno de sus integrantes debe asumir, en beneficio de todos y cada uno de sus integrantes, ya que el vínculo fundamental que los une es el afecto. 
     Según la conceptualización anterior; en una familia operativa debe darse el binomio autoridad afecto; principio fundamental para que la funcionalidad sea saludable y esto no afecte a los miembros que la integran en el proceso de interacción que ocurre dentro de la misma y en especial cuando le corresponde relacionarse con miembros de la comunidad donde vive; pues acarrearía situaciones de conflictos aún mayores al contexto familiar.
En relación a lo antes expuestos, existen las familias funcionales y las disfuncionales.
     Una familia funcional no es una familia perfecta, pero todos sus miembros han aprendido a cumplir con sus responsabilidades, a dar y recibir amor. Hay respeto entre sus miembros, una comunicación adecuada, se apoyan unos a otros, enfrentan los conflictos con una adecuada madurez.
    La familia  disfuncional se refiere literalmente a “que no funciona”. Una familia disfuncional consiste en un núcleo social o célula social donde el desarrollo del potencial de sus integrantes se ve afectado negativamente, debido a relaciones o situaciones conflictivas en esta célula. Los padres no saben cómo satisfacer las necesidades de los hijos e hijas. Los métodos de disciplina que utilizan normalmente son inadecuados y producen mucho maltrato a éstos.
     Normalmente los padres de familias disfuncionales son personas muy rígidas que producen constantemente desaliento en los hijos e hijas. Por su forma de convivir, no son capaces de facilitar una buena comunicación en el núcleo familiar.
Los conflictos familiares

        
     Dentro de la dinámica de la familia existen aspectos que determinan la armonía del grupo, como por ejemplo, las reglas, que son estructuras que utilizan los individuos para normar cómo debe sentirse y actuar y que después influyen en el sistema familiar. El enlace con la sociedad, que es la manera como las personas se relacionan con otros individuos e instituciones ajenos a la familia.
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  El término “conflicto” suele recibir una carga negativa, asociada a problemas y enfrentamientos, ese es su significado más habitual. Pero cuando de relaciones familiares se trata, el conflicto es mucho más que eso: es una oportunidad para salvar las diferencias y crecer juntos.
     Generalmente, las personas piensan que lo más saludable para una familia es no tener conflictos entre sus miembros, pero resulta todo lo contrario, los conflictos no son expresión de enfermedad, sino una muestra de que la familia está viva, con personas que pueden tener muchas coincidencias pero que son diferentes más allá de que formen parte de un mismo grupo familiar.
      Sin embargo, el conflicto puede estimular el cambio y el crecimiento o el desarrollo personal, puede plantearnos retos, motivarnos al cambio, puede despertar curiosidad y creatividad, puede profundizar relaciones por abordar temas difíciles, pero importantes.

     Los miembros de la familia crecen y se desarrollan a lo largo de sus vidas y estos cambios suponen a la vez transformación en las relaciones con los demás, que como toda situación nueva requiere de adaptación y la constante búsqueda de equilibrio. Los cambios pueden darse tanto por la experiencia de desarrollo personal de cada miembro de la familia como por la modificación de la configuración de la familia, puede producirse por diferentes motivos. Como por el nacimiento de un/a hijo/a,  la separación de los padres, el alejamiento del hogar de alguno de sus integrantes o la muerte de algunos de ellos.
     Cuando la familia atraviesa un conflicto se encuentra en un momento de desarmonía, desequilibrio y confusión, aparecen problemas que no fueron resueltos en el pasado y que ahora se han convertido en problemas mayores.
     Este conflicto aparece algunas veces cuando una situación de tensión presiona a la familia o bien cuando ya se ha llegado al límite de la paciencia, se requieren de ciertos cambios que no se pueden generar, porque no se sabe cómo o bien algún miembro no está dispuesto a cooperar. 
     Dentro de un conflicto familiar las reglas y los roles de la familia se hacen confusos o se ven rebasados. Los valores y objetivos pierden importancia. Se ceden las expectativas y las prohibiciones. Una crisis de este tipo necesita un cambio decisivo y cada cambio implica una nueva adaptación.

Causas de los conflictos familiares


     Una de las causas más habituales de los conflictos familiares son los intereses contrapuestos o la sensación de que la familia no satisface las necesidades individuales.
     Ejemplo: Una pareja que nunca se pone de acuerdo sobre qué hacer en los retos de ocio del fin de semana, porque uno de los dos prefiere salir a pasear e ir al teatro y el otro quedarse en casa mirando un programa de televisión. En este caso, de debe intentar que ninguno de ellos sienta que siempre cede a los intereses del otro, porque se irá generando una “deuda” de necesidades insatisfechas que pondrá en riesgo la relación.
     Otro motivo de conflicto, muy habitual en las relaciones entre padres e hijos, son las expectativas frustradas. Los padres suelen ver en sus hijos como una prolongación de ellos mismos y suelen sentirse defraudados si estos actúan de manera distinta a lo que esperan de ellos.
     Ejemplo: Una hija decide estudiar para maestra, y su padre había soñado que fuera Licenciada en Derecho como él. Lo importante en estos casos es que los padres dejen de lado el futuro que soñaron para sus hijos y escuchen y acepten lo que ellos desean y necesitan.
     Un tercer motivo de conflicto es la dificultad para establecer con claridad los límites de lo que estamos dispuestos a dar como individuos en beneficio de la familia.
      Otra característica de los conflictos familiares, es el grado en que un conflicto se enreda al pretender los sujetos dar satisfacción a sus necesidades psicológicas y personales.
      Estas necesidades se vinculan al hecho de querer sentirse a salvo y seguro, de ser amado, tener el control de la propia vida, pertenencia, etc. Satisfacer estas necesidades es tan esencial para la salud psicológica como el aire, el agua, el alimento, lo son para la salud física. Este parámetro ayuda a explicar el por qué la autoestima es una ventaja poderosa a la hora de resolver conflictos.
      En los conflictos familiares también suele ocurrir que su desencadenante o el motivo que lo origina, ni tan siquiera es la verdadera causa del conflicto y, sin embargo, puede dar lugar a situaciones dramáticas.
     Un factor fundamental que da origen a muchos conflictos familiares e interpersonales es la discrepancia entre la realidad y lo que las partes perciben como real. La causa de tal discrepancia es debida a que el modo en que percibimos y damos sentido al mundo es un proceso complejo y subjetivo. Así, todo lo que el individuo percibe es filtrado a través de sus creencias, experiencias pasadas, valores, ideas y prejuicios.
     Normalmente, las partes en conflicto al observar una misma situación realizan diferentes interpretaciones de ella, y estas diferencias en la percepción son un terreno abonado para la aparición de los conflictos interpersonales.

Manejos operativos de los conflictos familiares


     En las últimas cuatro décadas la familia ha sido objeto de estudio por parte de la terapia familiar. Desde diferentes áreas del conocimiento como el trabajo social, la psiquiatría y el psicoanálisis han teorizado y desarrollado técnicas de evaluación e intervención clínica con la familia.  Sin embargo, en las demás escuelas psicológicas poco se ha teorizado sobre la familia.
    Es decir, sobre sus vínculos, y los elementos que lo constituyen: sus roles, las funciones que cumple cada miembro en la familia, la comunicación, las normas y las relaciones de poder. Los cuales son elementos que constituyen la base para llevar a cabo la evaluación, el diagnóstico descriptivo del vínculo familiar implementando las estrategias de intervención, la familia ha sido afectada por las transformaciones que han ocurrido en la sociedad, como en todas las instituciones.
      Los cambios en el sistema familiar han sido de tal envergadura, que el concepto ya no representa plenamente a la realidad a la que remite. En ese sentido, la familia constituye en la actualidad instituciones que parecen iguales que siempre desde afuera, y llevan los mismos nombres, pero por dentro son bastante diferentes. Se sigue hablando de la nación, la familia, el trabajo, la tradición, la naturaleza, como si todos fueran iguales que en el pasado. No lo son, la parte exterior permanece, pero por dentro han cambiado y está ocurriendo en todo el mundo.
    Es necesario destacar que cuando surge un conflicto en la familia es importante manejar dentro de la familia las habilidades sociales, como asertividad, empatía, la comunicación efectiva y afectiva, así como los principios de la inteligencia emocional.
     Se debe tener en cuenta que los conflictos en algún momento se van a presentar, para lo cual debemos estar preparados, es recomendable ver el conflicto como algo normal e incluso potencialmente beneficioso, estaremos en mejor disposición para abordarlo de manera eficaz, sin sentimientos negativos adicionales al propio conflicto que nos lleven a conductas no deseadas.

     Recomendaciones para abordar los conflictos:

     No evitarlo:  de esta manera las causas y consecuencia no desaparecerán, se harán más fuertes, gestione los desacuerdos que surjan por muy difíciles que sean.
     Reconocer el conflicto como una realidad presente que se debe afrontar, El hecho de tener conflictos no nos hace peor familia y una ausencia total de los mismos nos debería llevar a pensar si no se están ocultando/evitando. Reconocer el conflicto obliga a estar atentos a cambios de conducta, por pequeños que sean. Una identificación precoz del conflicto reduce sus consecuencias y facilita el abordarlo eficazmente.
     Tomarlo con calma: no se alarme, tome distancia y contextualizar el problema
      Identificar con objetividad el conflicto: organizar al máximo el conflicto, eliminando las connotaciones negativas que agregamos en nuestra interpretación personal. Si no es algo realmente importante, valorar si conviene dejarlo pasar.
     Si es un conflicto muy significativo, pensar en el momento preciso para abordarlo, mantener la serenidad es clave para poder liberarnos de las interpretaciones personales, para estar abiertos a los sentimientos de los otros, para afrontar con empatía el proceso de resolución… Si no se está preparado, mejor posponer.
     No tener miedo al conflicto: Es normal que los haya y como padres hacer lo que se tiene que hacer para abordarlo, con seguridad.
     Escuchar la opinión de los demás:    observar cómo  asumen  el conflicto, sin emitir juicios, con empatía. Se trata de obtener la máxima información posible del conflicto, su origen y sus consecuencias para cada uno de los miembros de la familia.

     Buscar la solución con el aporte de todos: optar por la más adecuada. Si el consenso no es posible, los padres deciden, pues la autoridad y la disciplina deben mantenerse firmes en la familia. Todo el proceso anterior facilitará que el consenso sea posible, pero si no se consigue, estemos seguros de que somos los padres los que tenemos la última palabra. Si no dudamos, ellos lo aceptarán.
     En relación a la atención de la familia,  la Terapia Cognitivo-conductual considera que las personas nacemos con una herencia y un determinado temperamento, con los cuales comienza a interactuar con su entorno, aprendiendo pautas de comportamiento, tanto beneficiosas como perjudiciales para sí mismo y/ o para los demás.
      El término conducta se entiende en un sentido amplio, abarcando conductas visibles, así como pensamientos, sentimientos y emociones.
     En Terapia Cognitivo Conductual se enfatiza mucho la idea que la conducta, tanto la normal como la patológica, se halla en estrecha relación con el ambiente.
   El vínculo entre persona y ambiente se considera bidireccional, vale decir, el entorno va moldeando nuestros comportamientos pero nosotros también somos capaces de cambiar nuestro medio.
     Sucede frecuentemente que las conductas patológicas de los pacientes se encuentran estimuladas por familiares o amigos quienes inadvertidamente, pretendiendo ayudar al paciente, terminan por favorecer la aparición y mantenimiento de hábitos insalubres y nocivos.
     Tal como puede esperarse, las familias constituyen típicamente el ámbito de aplicación de los procedimientos orientados a modificar relaciones. Esto, por la sencilla razón de que la mayoría de las veces son los familiares quienes se encuentran cerca y al cuidado del paciente, como en el caso de los ancianos o los enfermos depresivos graves. Otras veces, la misma familia es el paciente, como cuando una pareja consulta porque no se llevan bien o porque no saben cómo manejarse con un hijo adolescente desafiante.
     El procedimiento sugerido en estos casos se denomina abordaje conductual de la familia. En dicho abordaje, se adiestra a los familiares del paciente anciano en la aplicación de técnicas de modificación de conductas, especialmente el Reforzamiento Diferencial de Conductas Incompatibles (RDI) y la Extinción.


BIBLIOGRAFÍA


Cardoso A. Basteiro S. y de la Aldea A. (2004). Crecer en familia. Cuadernos de Educación para la salud. Ediciones Envida.

Centro de investigaciones, psiquiatritas, psicológicas y sexológicas de Venezuela CIPPSV (2012). Funcionalidad familiar
psicologia.com - Revista Internacional On-line
vol.7 nº 2 - Jul 2003
Conserjería de familias y asuntos sociales. Dirección general de familias. Guía. ¿Cómo resolver los asuntos familiares?


Dahab J. Rivadenerira C. Minici A. (2010). Revista de terapia cognitivo/conductual. Técnicas Cognitivo/conductuales para el abordaje de parejas y familiar






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